Andrés Pascual | Viaje a la Felicidad
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Viaje a la Felicidad

Viaje a la Felicidad

Todas las madrugadas del martes, en La Noche de COPE, te invito a recorrer el mundo en busca de enseñanzas para alcanzar la felicidad en la vida y en la empresa.

En cada programa comenzamos hablando de un país que he recorrido, de sus curiosas costumbres y consejos para los viajeros, de sus paisajes y rincones únicos. Y, una vez conocido y disfrutado el destino, descubrimos una enseñanza del lugar que podemos traer de vuelta en la mochila para mejorar nuestro día a día en casa. ¡Y pronto, también en podcast!

Ayer hablamos de Japón y de la belleza de la imperfección.

Los japoneses, con todo lo que han sufrido, bombas atómicas, tsunamis, y conscientes de que sus casas están construidas sobre uno de los puntos sísmicos más inestables del planeta, saben bien que el mundo el imperfecto. Y en lugar de obsesionarse con buscar una perfección que es imposible, y frustrarse y desesperarse, lo aceptan tal y como es, con serenidad y con calma. Fíjate qué bonita esta costumbre: los monjes zen del monasterio de Koyasan donde me alojé en 2009 en mi primera visita al país, cuando barren el patio, siempre dejan una hoja. Porque si tratan de quitarlas todas, se amargan porque el viento siempre mete una por aquí o por allá.

¿Qué enseñanza entonces podemos traer de este viaje? Que aceptar con naturalidad que el mundo es imperfecto nos ayuda a superar la insatisfacción y el estrés.

De hecho, incluso celebran la imperfección. Fíjate por ejemplo en el “Kintsukuroi”, una técnica consistente en reparar objetos rotos rellenando sus grietas con oro o plata. Los nipones nos empujan a celebrar los defectos en lugar de ocultarlos. Consideran que las roturas y reparaciones de una vasija forman parte de su historia. Este proceso de transformación aporta belleza y autenticidad.

Acepta la imperfección como algo connatural a tu existencia. Más aún, busca la belleza en aquello que otros se empeñan en que veas como incompleto. Una pequeña cabaña de tres tatamis podrá ser húmeda y ajada, pero en ella se escuchará el sonido de la lluvia de primavera mucho mejor que en la lujosa alcoba de un palacio.

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